13 de noviembre de 2008

En oficinas, no trabajé


Primero: pensaba en cortarme el pelo. Yo sola. El peluquero que me corta el pelo es demasiado respetuoso para mi gusto; ya en estas instancias prefiero la irreverencia. También me acordaba de esa gente que le dona el pelo a la virgen (más parecido a un rito umbanda que a una donación, teniendo en cuenta que el acto de donar, de dar sin recibir nada a cambio, casi siempre genera un beneficio en el donatario; dar pelo muerto a una estatua me parece un poco patológico).
Segundo: vamos a llegar para el 19 mi querido amadeo; así tengamos que golpear a alguien o destrozar cajeros automáticos a patadas; en última instancia siempre están los padres aunque ya seamos gente grande semi-profesional , no importa, si tenemos que convertirnos en malos directores de cine o en editores clase b o en chantas literarios o en la escoria de la producción artística; si al final lo único que queremos es emborracharnos . Vamos a seguir nuestra vocación que es mini y gigante a la vez.
Tercero: voy a extrañar a esos cretinos soberbios de la peor calaña de hijos de puta. Nunca pensé que podría llegar a la nostalgia pero quizás en el fondo algo me enseñaron; no solamente más de cien kilos de papeles con artículos mucho menos que inservibles. Todas mis veces en ese lugar fueron de completa desnudez, ninguna literatura, ningún amor, nada de padres. Sin lugar para el mariconeo. O entrás o te vas. Punto. La facultad de leyes.
Cuarto: hace un calor del choto y tengo una boca en la boca del estomago parecida a una planta carnívora que me dice: pelotudita, dejá de boludear ya y andá a llorarle a tu mama.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

felicidades. muchas felicidades.

Andrés dijo...

permiso, dejo mi blog:
www.harlem-shuffle.blogspot.com

Gracias!